INVITACIÓN AL TANGO
A lo largo de un siglo de existencia el tango ofrece características cambiantes, pero también algunos rasgos que lo definen.
El tango -fenómeno mutante por excelencia- es por ello un género musical muy difícil de caracterizar. De hecho, los pocos que se han animado a hacerlo no han pasado de meras definiciones aproximativas, metafóricas o impresionistas.
"Pensamiento triste que se baila", según Discépolo (1). "Actitud de rebeldía popular absolutamente definitorio de lo argentino", al decir de Cátulo Castillo. "La gran confesión del solitario", en palabras de Nicolás Olivari.
Sin embargo, en su historia largamente centenaria, el llamado "dos por cuatro" ofrece algunos rasgos distintivos; entre ellos, el de aunar sabiamente por un lado el ritmo canyengue, compadrón, heredado tal vez de las viejas milongas porteñas; y por otro, el vuelo melódico, la libre ensoñación romántica por la que suelen colarse la nostalgia, el lirismo, la melancolía, "esa manía de andar siempre pensando en el ayer", como decía Homero Manzi, uno de sus poetas mayores.
Esta inspiración dual de nuestros autores se observa en numerosos tangos, en casi todos los tangos esenciales, nos animaríamos a decir, cuya primera parte suele ser rítmica, tener ese "andar hamacado del compadre", que decía Borges, mientras que la segunda o estribillo, en general tiende más a la libertad expresiva, a la libre inventiva melódica.
Dense un buen atracón de tangos, que nunca viene mal, y lo comprobarán. De paso volverán a tomar contacto - ¿qué duda cabe?- con una de las músicas populares más hermosas del mundo.
(1) Enrique Santos Discépolo 'Discepolín' autor, entre otros, del tango Cambalache
Juan Carlos Jara